
Sentarse en un banco, sentarse a fumar, sentarse a pensar, a encenderse un cigarro, a sentir como a cada calada el humo llena tus pulmones, a empezar a razonar mientras lo expulsas, a veces mirando al cielo, a veces la punta del cigarro que se consume, a veces con los ojos cerrados. Sentarse a no hacer nada más, a dejar que su aroma te embriague, a que se apodere de ti efímeramente, a disfrutar de la tarde, de las risas de los niños que juegan en el parque de enfrente, de la puesta de Sol, de las estrellas de la noche, de la Luna.
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