Una buena dosis de realidad.


Con la cabeza apoyada en el cristal del tren empezó a asimilar lo que esa tarde le deparaba. Sacó el teléfono móvil de su bolsillo y releyó el último mensaje que había recibido tres días atrás; ''Lo siento, el viernes hablaremos''. Entonces se empezó a plantear preguntas sobre esa relación que tenia los minutos contados.

Él en realidad nunca se había llegado a considerar lo suficientemente bueno para ella, siempre la había considerado una mujer demasiado mujer para él, y desde su humilde opinión, demasiado mujer para cualquier hombre. Como le había repetido varias veces, tenía una manera característica y única de actuar, de pensar, de decir. Hacia las cosas de tal manera que convertía en suyo todo lo que tocaba, lo impregnaba de una magia la cual hacía que sintieras incluso envidia de su persona. Aún y consciente de esto se atrevió a embarcarse en una relación con ella, sabiendo que la balanza estaba demasiado desequilibrada. Pensó en la primera cita, quedaron para ir al cine. Recordó que aún guardaba las entradas en esa cajita donde almacenaba todas las pruebas físicas de que aquello que estaba pasado era real. Fue una tarde maravillosa, aunque esa tarde no se llegaron a besar, le gustó más así, fue todo mucho más especial. No es que un beso lo fuera a estropear, pero esa tarde hubo miradas furtivas cargadas de insinuaciones y detalles silenciosos que tuvieron mucho más significado que un beso. Apenas habían pasado unas semanas desde entonces, o al menos, no le parecían tantas, se le había hecho todo tan corto... Llegó a la parada donde se debía subir ella, no la vio aparecer por ninguna parte. La llamó, le dijo que se había subido en el vagón de al lado. Pensándolo fríamente, lo veía lógico, la conversación que iban a tener aquella tarde no era para mantenerla en público. El tren llegó a la parada donde se bajaban, bajo el escalón y dirigió la mirada hacia su derecha. Allí la vio, en medio del andén, a 20 metros, con postura segura y confiada, pero sin valor de levantar la mirada del suelo. Se acercó a ella y vio como se mordió el labio inferior, ¿cuántas veces se había quedado embobado mirándola cuando hacia ese gesto?, le levantó delicadamente el mentón para besarla, pero ella apartó los labios y puso la mejilla. Esa tarde estaba más que sentenciada.

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El diablo es tan astuto que incluso te ha hecho creer que no existe.


A veces me siento tan insignificante, tan imbécil, miro a mi alrededor y veo gente con mentes increíblemente retorcidas, gente que actúa de maneras inimaginables en esa persona o incluso en un ser humano. Es increíble ver como, por poner un ejemplo, los empresarios pueden ser dos personas a la vez, como le pueden poner cara agradable a un empleado que acaban de ascender porqué sobra gente en la oficina, y saben que esa persona no podrá soportar todas las presiones y responsabilidades de ese nuevo cargo y se acabará marchando por su propio pié sin que le haga falta despedirlo, quedando él como un rey.

Al fin y al cabo creo que son actitudes que vas aprendiendo a lo largo de los años por necesidad para lograr sobrevivir en un mundo como este. Como decía monseñor Ricard, profesor de literatura castellana; Más sabe el diablo por viejo que no por diablo.

(La frase del título no es mía)

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Tonight I'll dance with the devil.


-¡Volvámonos locos! ¡Demos rienda suelta a la codicia y a la avaricia! ¡A la pasión y al amor! A la lujuria, al alcohol, a la cocaína, al sexo, a los vicios más sucios y despreciables de este mundo, ¡Todo! ¡Esta noche lo quiero todo! Mañana quiero despertar y sentir que he vivido, que he vivido a lo grande, sin barreras, sin obstáculos, sin cadenas, bajo ninguna orden. Esta noche yo ocuparé el trono de mi vida, mandaré sobre mí como nunca antes lo había hecho, yo seré mi dueño, y obedeceré mi propia ley. Mañana, quiero que mañana me señalen con el dedo y me critiquen, que yo estaré orgulloso de decir que por una noche me he sentido vivo.

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Y ya apenas me acuerdo de que la había olvidado.


Anoche, después de casi 2 meses, volví a soñar con ella. Me he estado planteando durante todo el día si esto va a durar mucho más, si nunca la voy a olvidar. Dicen que querer es poder, y yo creo que ese es exactamente el problema, que no quiero, por más que haga ver que lo intente mi parte irracional grita: ¡NOO!, y durante estos 6 meses mucha gente a sufrido por mi culpa, por mis promesas que se rompían en el momento en que ella volvía a aparecer en mis pensamientos, echando de una patada a la persona que estuviera besando en aquel momento. Supongo que ella vive en mi corazón y sube a mi cabeza cada vez que le da la gana.

En una ocasión me comentó que ella creía que en esta vida sólo había un amor verdadero, uno eterno, una persona, una sola persona. Estaba claro que yo no era la suya, ¿Era ella la mía?

¿Os imagináis un mundo en el que en lugar de que querer fuera poder, poder fuera querer?

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Una mancha roja en la rutina.


...y echaría una última mirada por la ventana hacia la calle, y, allí estaría ella, con su abrigo rojo que tanto destacaba entre la negra muchedumbre, medias negras, zapatos de tacón, bufanda blanca y boina, abriendo su colorida tienda de flores al otro lado de la calle, llevando las llaves en una mano y en la otra su cappuccino con vainilla y tres cucharadas de azúcar. El saldría por la puerta pensando como cada mañana que ese día se atrevería a decirle algo más que – ¡Buenos días!- y sonrojarse.

Original de un texto que escribí hace ya mucho tiempo.
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He's an addict! Yeah, but he looks happy and you don't.


Sentarse en un banco, sentarse a fumar, sentarse a pensar, a encenderse un cigarro, a sentir como a cada calada el humo llena tus pulmones, a empezar a razonar mientras lo expulsas, a veces mirando al cielo, a veces la punta del cigarro que se consume, a veces con los ojos cerrados. Sentarse a no hacer nada más, a dejar que su aroma te embriague, a que se apodere de ti efímeramente, a disfrutar de la tarde, de las risas de los niños que juegan en el parque de enfrente, de la puesta de Sol, de las estrellas de la noche, de la Luna.

Vive, vive la vida hasta morir, pero vívela como tú quieras.

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Los que supervisan mi búsqueda.

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