Desde que tengo uso de razón he intentado siempre darle un sentido a mi vida, algo que le diera valor a vivir, algo más allá que los convencionales logros académicos y los buenos sueldos, algo mucho más profundo, algo que me llenara de satisfacción y me hiciera sentir vivo, y como cualquier ser racional, y casi sin darme cuenta, me entregué a la irracionalidad, busqué ese motivo en el amor. Miraba a las parejas, aparentemente felices, recorriendo las calles cogidas de la mano, sonrientes. La realidad era clara; Me sentía algo celoso de no estar sintiendo lo mismo yo por alguien. Y ahí empezó mi búsqueda, mis primeras preguntas sobre el amor, ¿Qué era eso del amor? ¿Éramos todos capaces de sentirlo? Y sobre todo, ¿Qué se sentía al estar enamorado? Ansioso de respuestas empecé mis primeras relaciones, en las cuales debo reconocer me precipité en casi todas ellas, pero de ninguna me arrepiento ya que todas ellas me hicieron madurar y en parte me ayudaron a ser quien soy ahora. Relación tras relación te dabas cuenta que cada una se tornaba más intensa que la anterior, más te ilusionabas, más te dolía la caída, aunque al final, aunque tardaras meses en darte cuenta, lo que te quedaba de cualquiera de ellas sólo eran buenas experiencias.
Y ahora, después de pasar una de las noches más bonitas de mi vida, aquí estoy hoy, dándome cuenta de que encontré ese motivo que hace que me sienta con ganas de vivir, que he encontrado a la mujer con la que quiero pasar el resto de mis días. Te quiero Yasmina.