
¿Alguna vez has deseado con todas tus fuerzas que algo saliera perfecto? La primera cita con esa persona, ese beso, ese detalle, todo, que nada escapara a tus planes. ¿Deseabas que todo saliera según lo previsto y por ello te pasaste horas preparándolo? ¿Te pasaste días y semanas anhelando ver con tus propios ojos que el fruto de todo aquello que habías preparado era tal y como querías? ¿Te pusiste nervioso instantes antes que tu plan culminara en ese beso o esa frase? ¿Te decepcionaste porqué no salió como querías? Amigo mío, voy a confesarte un secreto; lo perfecto reside en lo espontáneo, en los detalles que no puedes preparar, en esa estrella fugaz que surca el cielo mientras la abrazas, en esa lluvia que aparece mientras os besáis, porqué no se volverá a repetir, pero sobretodo, porqué es efímero. Espontáneo y efímero. Porque aunque nos cueste asumirlo, todo es más bonito si tiene un final.